Por: RELASER
La extensión rural en América Latina atraviesa un proceso de cambio profundo, impulsado por la necesidad de adaptarse al cambio climático, fortalecer las economías locales y empoderar a las y los pequeños productores. Este fue uno de los principales puntos de discusión del seminario internacional “Prospectivas y paradigmas de la extensión rural”, organizado por el Comité Técnico Público y Privado de Promoción de la Producción Orgánica (CTPPO) de Paraguay, cuya coordinación lidera el Viceministerio de Agricultura, junto con la Red Latinoamericana para los Servicios de Extensión Rural (RELASER) y el Foro RELASER Paraguay, con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y organizaciones aliadas.
El encuentro reunió a participantes de Paraguay, Costa Rica, Colombia, Chile, Argentina y otros países, para intercambiar experiencias, desafíos y perspectivas sobre los servicios de asesoría rural. Las palabras de apertura estuvieron a cargo de Juanita Caballero, del Foro RELASER Paraguay, quien subrayó que la labor de la extensión “va mucho más allá de transmitir información o tecnologías: es una vocación de servicio y un compromiso de largo plazo con las comunidades rurales”. Destacó también la importancia de la cooperación entre instituciones públicas, empresas privadas y organismos internacionales para fortalecer esta tarea.
Hebe González, de la ONG Alter Vida, coincidió en que la extensión rural ha evolucionado rápidamente y que ahora el reto es “mirar hacia el futuro y cuáles son las nuevas tendencias, pero también rescatar lo mejor de las experiencias que hemos acumulado”.
El Viceministro de Agricultura de Paraguay, Daniel Ortiz Báez, habló de la importancia de abordar un nuevo modelo de gestión con participación activa del sector público y privado, la cooperación internacional y las organizaciones locales. “Esta nueva era nos obliga a compartir las diferentes dimensiones, no solamente lo económico, lo social, lo ambiental, sino que también lo humano”, afirmó.
Desafíos, abordaje y monitoreo de Servicios de Extensión Rural
La primera ponencia estuvo a cargo de Laura Ramírez Cartín, del Instituto Nacional de Innovación y Transferencia en Tecnología Agropecuaria (INTA) Costa Rica, y Coordinadora del Foro RELASER Costa Rica. En su ponencia, mencionó quien enumeró los desafíos clave de la extensión: manejo sostenible de recursos, adaptación al cambio climático, seguridad alimentaria, intercambio de saberes, uso de TIC, mayor inclusión de jóvenes y mujeres, e integración de actores público privados.
Ramírez explicó que la extensión es abordada como “una extensión que está integrada a un sistema de innovación, que interactúe con todos los actores de este sistema: la investigación, la educación, la cultura, la salud, como una forma efectiva de generar un valor económico y social que requiere esa sociedad rural”. Por eso, desde RELASER se promueve una extensión multidimensional, adaptada al contexto y a las necesidades de las y los productores, con procesos participativos.
También se debe promover el desarrollo de Conocimiento, Actitudes y Prácticas, con aprendizaje continuo (aprender haciendo), adaptación, prácticas sostenibles y con una mentalidad de colaboración, integrando a las diversas generaciones. En este proceso, afirmó Ramírez, las y los extensionistas son facilitadores.
El monitoreo permite analizar los avances, ver qué está funcionando y qué no y cómo redireccionar los programas de manera efectiva. Para ello es clave incorporarlos en la planificación.
Integrando innovación y sostenibilidad
La segunda presentación, de Leticia Cáceres, de la FAO Paraguay, se centró en cómo lograr una extensión más efectiva, integrando herramientas innovadoras. Cáceres partió por mencionar que la innovación va más allá de lo digital, y un abordaje efectivo debe implicar cambios organizativos, sociales y metodológicos.
Compartió ejemplos regionales de Brasil, donde se implementó una extensión a gran escala con fuerte articulación local e interinstitucional, Chile, donde se llevó a cabo una asistencia técnica vinculada al acceso a financiamiento y mercados, y de Uruguay, sobre la integración de la agroecología con redes territoriales y capacitación especializada.
En Paraguay, identificó oportunidades como reforzar el enfoque territorial, incluir el desarrollo de cadenas de valor en la extensión, mejorar las capacidades para acceder a mercados, capacitar a extensionistas en agroecología y resiliencia climática, e impulsar plataformas digitales para difundir información.
“El extensionista no es solo un asesor técnico: es un agente de cambio que construye confianza con la comunidad”, dijo. Para ello, es clave fortalecer tanto las competencias técnicas como las habilidades blandas, promover la participación de mujeres y jóvenes, y planificar programas de largo plazo.
Conectar la agricultura familiar con mercados dinámicos
La tercera ponencia, a cargo de Fátima Almada, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), abordó cómo la extensión puede facilitar la inserción de la agricultura familiar en mercados competitivos y de alto valor. Partiendo del enfoque de Valor en Origen (VAO), describió tendencias que generan demanda de productos diferenciados: que sean orgánicos, de comercio justo, agroecológicos, con indicación geográfica o elaborados por mujeres, jóvenes o comunidades indígenas, por mencionar algunos aspectos.
Almada destacó que la extensión es clave para preparar a las y los productores para que puedan cumplir con exigencias de calidad, sostenibilidad y formalización que imponen mercados como:
- Cadenas de valor con empresas ancla.
- Compras públicas (por ejemplo, programas de alimentación escolar).
- Nichos vinculados a la bioeconomía y negocios verdes.
- Productos con sellos de calidad o denominación de origen.
“El acceso a estos mercados no es casual”, afirmó. “Responde a políticas, alianzas y estrategias específicas que la extensión rural puede traducir en oportunidades concretas para las comunidades”.
Finalmente, el último bloque contó con una ponencia del agrónomo Celso Cubilla, quien habló de la extensión rural privada en el ámbito de plantas medicinales. Tras presentar el contexto actual de la extensión y la innovación en Paraguay, pasó a exponer la experiencia de la empresa Santa Margarita en la producción de plantas medicinales en alianza con familias agricultoras. Cubilla explicó cómo la extensión rural privada ha permitido desarrollar capacidades técnicas, impulsar modelos agroecológicos, valorar el saber local e integrar a mujeres rurales en la cadena productiva. Sin embargo, también señaló que el cambio climático, la migración juvenil y la falta de inversión en investigación agropecuaria son retos que ponen en riesgo la sostenibilidad de estos sistemas.
Cubilla resaltó que el modelo implementado busca no solo mejorar rendimientos, sino también fortalecer a las organizaciones de productores y generar ingresos sostenibles. La participación de las mujeres y la promoción de prácticas agroecológicas endógenas han sido fundamentales para conservar la biodiversidad y la cultura vinculada a las plantas medicinales. Además, se destacó la importancia de construir confianza y relaciones de largo plazo entre la empresa y más de 200 familias productoras, garantizando calidad, inocuidad y acceso a mercados especializados. “La extensión efectiva no solo enseña: escucha, propone, dialoga y construye”, afirmó.
Desde Chile, Sebastián Acostabilla expuso los avances del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) en la digitalización de la asistencia técnica. Subrayó que la tecnología debe complementar (y no reemplazar) el rol del extensionista, permitiendo mejorar la trazabilidad, la calidad de los servicios y la toma de decisiones frente a fenómenos climáticos. También destacó la importancia de diseñar herramientas digitales que consideren las brechas de conectividad y educación en las zonas rurales, y que integren la voz de los propios agricultores en los procesos de planificación.
El encuentro cerró resaltando la necesidad de fortalecer las alianzas regionales y de apostar por modelos de extensión más inclusivos, que involucren activamente a mujeres y jóvenes como protagonistas del desarrollo rural. Así, concluyeron, la seguridad y soberanía alimentaria en América Latina depende en gran medida de la agricultura familiar, por lo que la extensión rural debe evolucionar con una visión integral: promover la innovación, generar ingresos dignos y, sobre todo, mantener viva la vida en el campo.
