Por RELASER
En el primer semestre de 2025, el proyecto AERAS inició en Costa Rica un proceso formativo en prácticas agroecológicas que vinculó a servicios de extensión, comunidades rurales e instituciones del territorio. La experiencia se desarrolló en la Región Chorotega (Guanacaste) y en los distritos de Paquera y Lepanto, del cantón central de Puntarenas, con un propósito doble: acompañar a pequeños productores en transición hacia la agroecología y fortalecer el trabajo de personas extensionistas mediante capacitación orientada a capacidades, actitudes y prácticas.
AERAS hace parte de una iniciativa internacional denominada Acelerar la transformación agroecológica a través de los Servicios de Extensión Rural. El proyecto se implementa en Madagascar, Uganda, Ecuador y Costa Rica, con financiamiento de la Unión Europea a través del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y del Global Forum for Rural Advisory Services (GFRAS). En Costa Rica, la implementación se realiza a través de la Red Latinoamericana para Servicios de Extensión Rural (RELASER).
La transición agroecológica se trabajó como un enfoque que integra dimensiones ecológica, económica y social, y se organizó con base en 13 principios y 10 elementos de la agroecología. En la formación se abordaron, entre otros, principios y temas asociados a reciclaje, reducción de insumos, salud de los suelos, sanidad animal, biodiversidad, sinergias, diversificación económica, creación conjunta de conocimientos, valores sociales y dietas, imparcialidad, conectividad, gobernanza de la tierra y los recursos, y participación.
Vinculación territorial con el Corredor Biológico Bosques del Yaguarundí
Desde la Universidad Estatal a Distancia (UNED), el proceso contó con dos extensionistas formadores, el Ing. Allan Chavarría Chang y la M.Sc. María Elena Murillo Araya. A este trabajo se sumó el estudiante de Ingeniería Agronómica Isaac López Camacho. En el territorio, se establecieron alianzas con instituciones y organizaciones locales, entre ellas el Corredor Biológico Bosques del Yaguarundí (CBBY), en el cantón central de Nicoya.
En el marco de esa articulación se apoyó un módulo de capacitación en bioinsumos y agroecología dirigido a 37 personas de tres comunidades: Dulce Nombre, Gamalotal y La Virginia. En el proceso participaron agricultores locales, funcionariado del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y miembros del comité local del corredor.
El corredor biológico se entiende como un territorio delimitado, continental, marino-costero e insular, orientado a asegurar conectividad entre áreas silvestres protegidas y entre paisajes, ecosistemas y hábitats naturales o modificados, rurales o urbanos, con el objetivo de sostener biodiversidad. En el caso del CBBY, su zona de influencia se extiende a 17 comunidades de los cantones de Santa Cruz y Nicoya, donde se desarrollaron sesiones formativas como parte del trabajo conjunto.
Bioinsumos: seis prácticas registradas entre marzo y julio
El módulo incluyó prácticas trabajadas, donde se abordaron los siguientes temas: Microorganismos de Montaña, Bocashi, Caldos minerales, Jabón potásico, aminoácidos pasto fermentado y elaboración de violes, Elaboración de fosfitos
Además de las sesiones técnicas, se reportaron dinámicas de intercambio ligadas al trabajo comunitario: intercambio de semillas, donación e intercambio de árboles e intercambio de información sobre consejos productivos y ambientales, junto con iniciativas de emprendimientos verdes en la región. Las actividades quedaron asociadas a acciones de implementación en fincas o parcelas y a espacios de interacción entre participantes.
Proyección del proceso
El trabajo plantea como horizonte aportar a mejoras en sistemas alimentarios, fortalecer resiliencia frente a crisis climática, impulsar prácticas orientadas a reducir uso de agroquímicos y apoyar ingresos familiares, con la integración de jóvenes en procesos formativos.
La coordinación académica del proceso estuvo vinculada a la UNED, desde la Escuela de Ciencias Exactas y Naturales (ECEN), con participación de la Coordinación de la Maestría Profesional en Extensión para el Desarrollo Sostenible, la Vicerrectoría de Extensión y Vinculación Territorial y del equipo docente e investigador de la carrera de Manejo de Recursos Naturales desde la Sede Nicoya.
En el 2026 se espera dar seguimiento a los extensionistas del Corredor Biológico, así como a las personas que participaron en el proceso de formación, con el fin de monitorear los cambios generados en sus parcelas y fincas. Esto significa incidir desde la práctica en los procesos de conservación que beneficien no solo a los recursos naturales sino a las familias que viven en los alrededores de estas comunidades, convirtiéndose en referentes del desarrollo sostenible.
