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Por RELASER 

La transición agroecológica en América Latina y el Caribe requiere conocimiento técnico, evidencia, políticas públicas, redes de confianza y servicios de extensión rural capaces de acompañar procesos reales de cambio en los territorios.

Con ese propósito, la Red Latinoamericana para Servicios de Extensión Rural (RELASER) realizó la segunda reunión de 2026 de la Comunidad de Práctica Regional en Agroecología, un espacio de diálogo horizontal que reúne a actores del sistema de innovación público y privado de la región con interés en compartir aprendizajes, experiencias y preguntas sobre agroecología.

La sesión virtual se realizó el 26 de junio bajo el tema “Acelerar la transición agroecológica: bioinsumos y el rol estratégico de los servicios de extensión”. Durante la jornada participaron representantes y especialistas de Chile, Paraguay, Nicaragua, Colombia, Costa Rica y Ecuador, quienes aportaron miradas desde la academia, la institucionalidad pública, la sociedad civil, la investigación, la extensión rural y las experiencias territoriales.

El espacio contó con la participación del doctor Santiago Sáenz, integrante del Foro Nacional RELASER Colombia y de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de La Salle, quien presentó la experiencia “Agricultura circular en la producción de cacao: una estrategia sostenible en la Orinoquía colombiana”. También intervino el ingeniero Allan Chavarría, docente de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica, quien compartió aprendizajes desde la Estación Experimental Los Juncos y su trabajo con bioinsumos y servicios de extensión.

Uno de los primeros énfasis del encuentro fue la necesidad de fortalecer las capacidades de quienes acompañan la transición agroecológica. Sáenz, por su parte, llamó la atención sobre la “formación de capital humano para esa transición agroecológica”, especialmente frente a las brechas que persisten en la comprensión de los agroecosistemas y en la adopción de enfoques integrales.

La conversación también permitió insistir en que la agroecología debe abordarse desde una mirada amplia. Durante el intercambio se planteó que la transición agroecológica involucra el suelo, la biodiversidad, los sistemas productivos, las relaciones comunitarias, los mercados y las políticas públicas que ayudan a sostener los cambios en el tiempo.

Desde Colombia, la experiencia en cacao mostró cómo la agricultura circular puede convertirse en una oportunidad para reducir residuos, generar valor agregado y mejorar la sostenibilidad de los sistemas productivos. En la producción de cacao, una parte importante de la biomasa de la mazorca suele desaprovecharse, mientras la semilla concentra el uso comercial asociado al chocolate. Frente a ese escenario, Sáenz explicó que los residuos pueden transformarse en compost, bioinsumos, alimentos, bebidas, infusiones, productos de belleza y otros desarrollos con potencial económico.

Experiencias como Cacao Celiza y Finca Tabarí (en Colombia) permitieron mostrar caminos concretos para aprovechar subproductos del cacao. En estos casos, la biomasa se convierte en licores, mermeladas, arequipes, infusiones o compostaje a escala, con impactos en la reducción de costos, el manejo de residuos y la diversificación productiva.

El suelo ocupó un lugar central en la conversación. Los y las participantes coincidieron en que la transición agroecológica pasa por entenderlo como un sistema vivo, donde la microbiología cumple un papel clave en la fertilidad, la sanidad de las plantas y la sostenibilidad del agroecosistema.

Desde Costa Rica, Allan Chavarría presentó la experiencia de la Estación Experimental Los Juncos, definida durante la sesión como una “finca libre de venenos”. Su intervención mostró un proceso de trabajo basado en el aprendizaje práctico, la recuperación de conocimientos locales, la autonomía productiva y el acompañamiento continuo a las comunidades.

Chavarría explicó que la extensión rural debe avanzar desde la transferencia de tecnología hacia la facilitación de procesos de innovación territorial. Esa idea resumió uno de los grandes desafíos planteados durante el encuentro. Los servicios de extensión necesitan modelos más participativos, con seguimiento, intercambio entre productores, investigación aplicada y adaptación de prácticas a cada contexto.

El uso de bioinsumos fue presentado como una herramienta de alto potencial para la transición. Se habló de biofertilizantes, bioles, fermentos, microorganismos de montaña, compostajes y preparados adaptados a los materiales disponibles en cada territorio. También se abordó la importancia de asegurar calidad e inocuidad en los procesos. Sobre este punto, uno de los aportes técnicos recordó que “estandarizar es desafiante, pero la calidad sí se puede promover”.

El diálogo regional permitió recoger preocupaciones comunes. Desde Paraguay, Juana Beatriz Caballero, miembro del Comité Directivo de RELASER, planteó que “nuestro reto es lograr que los tomadores de decisión entiendan la viabilidad de la agroecología y la necesidad de demostrar con datos su rentabilidad, resiliencia y apertura a mercados”. También compartió que en Paraguay se han entrenado 90 técnicos extensionistas con apoyo de INDAP-Chile, y señaló que uno de los grandes desafíos es mantenerlos actualizados para acompañar a las familias rurales en sus procesos de transición.

Desde Costa Rica, Oswaldo Páez Aponte, consultor del proyecto AERAS, sostuvo que los Servicios de Asesoría Rural deben avanzar hacia un “nuevo extensionismo”, con énfasis en la articulación institucional, la formación de redes y el fortalecimiento de nuevos profesionales. Su aporte reforzó la importancia de conectar la formación técnica con procesos de innovación territorial más sostenidos.

Otras intervenciones reforzaron la necesidad de abordar los bioinsumos dentro de un enfoque integral. Laura Ramírez, jefa del Departamento de Transferencia de Tecnología del INTA y miembro del Comité Directivo de RELASER,  coordinadora del Foro RELASER Costa Rica, subrayó la importancia de respaldar estas prácticas con investigación aplicada, protocolos técnicos y criterios claros de inocuidad que permitan fortalecer su escalamiento.

Por su parte, Sandra Cadena, de la Universidad Militar Nueva Granada, señaló que “la agroecología invita a la transdisciplina”, especialmente porque integra saberes de la biología,  y el control biológico de la agricultura. Su intervención abrió una conversación sobre la necesidad de formar profesionales capaces de trabajar con sistemas complejos y comunidades diversas.

También abordaron la política pública e instrumentos para promover la transición agroecológica. Se discutió sobre el cómo definir la agroecología en marcos nacionales, cómo incorporar sus principios en los planes de extensión agropecuaria y cómo diseñar instrumentos que  orientar recursos, programas y acompañamiento técnico. En esa discusión, los servicios de asesoría rural aparecen como una pieza decisiva para conectar las decisiones institucionales con los procesos que viven productores y productoras en el campo.

La Comunidad de Práctica Regional en Agroecología reafirmó así su valor como espacio de intercambio regional. Desde 2025, RELASER impulsa esta comunidad para conectar experiencias, aprendizajes y preguntas compartidas entre actores de América Latina y el Caribe. Durante 2026, la agenda continuará abordando temas como indicadores y evaluación de los servicios de extensión, agroecología y mercados, juventud rural y uso responsable de herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial aplicada a la extensión.

Al cierre del encuentro, RELASER destacó que la sostenibilidad de la comunidad depende del compromiso colectivo de sus integrantes. Mantener vivo este espacio implica compartir experiencias, invitar nuevas voces, circular información útil y sostener conversaciones que ayuden a fortalecer los servicios de asesoría rural y extensión en la región.

El encuentro se desarrolló en el marco del proyecto AERAS, Acelerando la Transformación Agroecológica a través de los Servicios de Asesoramiento Rural, una iniciativa implementada por RELASER, GFRAS, YPARD y Access Agriculture, con apoyo del IICA y financiamiento del FIDA, la Comisión Europea y la Cooperación Belga al Desarrollo. En América Latina, el proyecto se implementa en Costa Rica y Ecuador, en articulación con sus foros nacionales y socios territoriales.

La transición agroecológica avanza cuando el conocimiento circula, las prácticas se adaptan a los territorios y la extensión rural acompaña con cercanía, evidencia y compromiso. Esa fue una de las principales conclusiones de este encuentro regional, que dejó nuevas preguntas, experiencias concretas y una invitación abierta a seguir aprendiendo en red.

 

Accede a la nota técnica acá: https://relaser.org/index.php/documentos/repositorio-de-documentos?task=document.viewdoc&id=620